14/6/15

Actividades extraescolares

Soy de una época en la que muchos niños empezábamos en el colegio con 6 años y teníamos la inmensa fortuna de poder disfrutar de muchas horas de juego con nuestros padres y en los barrios. Juegos motrices y sociales, muy enriquecedores, que ponían a prueba constantemente nuestra creatividad.

Desde no hace muchos años las "actividades extraescolares" se empiezan a plantear como una necesidad incuestionable. En muchos casos bajo la premisa de que completan la formación del niño, en otros bajo el convencimiento de que los niños se aburrirían en caso de no poder disfrutar de ellas.

El mismo término "actividades extraescolares" es acogido por los adultos con total naturalidad. Imaginémonos por un momento que alguien nos organizase "actividades extralaborales" para después de una dura jornada de trabajo. En la mayor parte de los casos no nos gustaría en absoluto. Tomarnos algo en compañía de otras personas o relajarnos de alguna otra manera es quizás lo que más nos apetecería.

En el caso de los niños, en general, la forma más natural de relajarse después de un duro día de escuela es jugando libre y creativamente en movimiento.
Cuando yo era un niño difícilmente nos aburríamos. Ahora es muy habitual escuchar a los niños decir "me aburro". Quizas programamos tanto sus vidas que no les permitimos que jueguen libremente y potencien su imaginación.

El período que va de los 0 a los 6 años es primordial en el desarrollo cerebral de los niños. Fundamentalmente necesitan moverse y hablar mucho. El movimiento coordinado y el desarrollo del lenguaje son fundamentales para prevenir futuros problemas de aprendizaje. Si hay un momento en el que las "actividades extraescolares" son más necesarias y tienen más sentido en el desarrollo de los niños, es precisamente entre los 2 y los 6 años. Pero no nos equivoquemos, enseñar a leer o a escribir de cualquier manera sin tener un desarrollo motriz y verbal adecuados puede ser, y, de hecho es, contraproducente. Por lo tanto, hacer que los niños hablen con fluidez y vocabulario variado, utilicen juegos manipulativos huyendo del acceso precoz a las tecnologías o la televisión, utilicen los parques de recreo con juegos físicos y de equilibrio, usen juguetes que impliquen proezas motrices como bicicletas, patines, balones, etc... posibilita en gran medida prevenir futuros problemas de aprendizaje.

Me sigo asombrando cuando un adulto, sea profesor o no, le pregunta a un niño de cinco años si "trabajó" mucho en el colegio. Es cierto que el trabajo es algo escaso y a la vez muy necesario en nuestra sociedad, y puede parecer adecuado dotar a niños tan pequeños de tan preciado bien, pero realmente lo suyo a esas edades es JUGAR, no trabajar. De tanto trabajar puede hasta parecer normal que a los diez años muchos niños quieran pedir ya la jubilación anticipada, negándose a pegar palo al agua.
Mi opinión es que los niños deben hacer ajustes constantes en sus cerebros a través del movimiento. Si no lo hacen antes... lo harán después.
Dicho esto, nos replanteamos la pregunta: ¿son necesarias las actividades extraescolares?. Depende. En algunos casos son más necesarias para los padres que para los propios niños. En otros casos hay niños que necesitan mejorar ciertos aspectos formativos a causa de un inadecuado desarrollo motriz, lingüístico, social o sensorial.  En otros casos los niños quieren ir a tal o cual actividad porque van otros niños amigos suyos. Pero en otros muchos casos no son en absoluto necesarias, simplemente se aburren porque no han aprendido a organizarse sus propios juegos.
Si un padre está decidido a llevar a su hijo a una actividad y tiene dudas acerca de cuál será la mejor para su hijo en concreto, una actividad física, lúdica, manipulativa y creativa será un acierto en la mayor parte de los casos.
Por otra parte, todos los centros educativos de nuestra comunidad cuentan con Departamentos de Orientación tanto en educación infantil y primaria como en secundaria. Dichos centros disponen de profesionales que pueden asesorar de forma totalmente gratuita a los padres en estos y otros aspectos, con la ventaja añadida de que suelen conocer a los propios niños.
Me gustaría acabar con una frase de Michel de Montaigne: "Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus mas serias actividades".

Autor: Roberto Maquieira García