8/2/12

Habilidades sociales

Desde hace unos años se cuestionan las deficitarias habilidades sociales de nuestros niños. Realmente, los adultos, en nuestras propias vidas, escasamente hemos cultivado muchas de las habilidades sociales que exigimos a los niños. 
 
Hace unos meses, la Consellería de Educación de la Xunta de Galicia publicaba un nuevo decreto de atención a la diversidad, en el cual entre las medidas ordinarias de atención a la diversidad, mencionaba los programas de habilidades sociales. Me resultó curioso que se citasen las habilidades sociales como una medida de atención a la diversidad. 

En realidad, la mayoría de las medidas de atención a la diversidad suelen ser más reactivas que proactivas, esto es, más orientadas a parchear que a prevenir, como es el caso. Y me resultó curioso porque muchos autores consideran que las habilidades sociales son un eslabón más en la cadena de la formación integral que deben recibir nuestros niños. ¿Saben nuestros alumnos pensar?, ¿qué tipo de educación emocional poseen?, ¿creen en el algún valor y lo asumen como deseable y necesario?. Y sin todo o parte de lo anterior, ¿es posible la enseñanza integral exclusiva de habilidades sociales?. Evidentemente, no. 

Hace un tiempo escribí un artículo en este mismo blog donde citaba muchos aspectos de nuestro actual currículo (trabajo en equipo, resolución pacífica de conflictos, capacidades afectivas, sentido crítico...) que tienen que ver con lo anteriormente expuesto y que, seamos claros, no se enseñan en las aulas, al menos de forma sistemática.

Nuestra experiencia enseñando habilidades sociales a nuestros niños, y tenemos alguna, es que si no existe un modelado en casa, si no hay una educación emocional y de valores previa o paralela aplicada de forma continuada, si los niños no son capaces de reflexionar acerca de sus acciones y/o las de los demás, es bastante complicado trabajar correctamente en grupo o enseñar unas habilidades sociales que no encajan en su sistema de creencias y experiencias. 

Existe un gran acuerdo en que el sistema educativo debe formar personas y no impartir meros conocimientos, así se decía en el Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, presidida por Jacques Delors, donde se llegaba a la conclusión de que en el siglo XXI los niños debían, fundamentalmente, aprender a conocer por si mismos, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y por último, aprender a ser. Pero una lectura crítica del estado actual de las cosas podría transmitirnos la imagen, falsa o no, de que no interesa que los niños piensen, sino que sean meros eslabones de la cadena de producción. 

Los profes solemos decir que no podemos trabajar "esas cosas" porque los niños no traen "hábitos" de casa para hacerlo, y es preferible seguir el libro de texto o empezar a enseñar a leer a los niños en educación infantil porque sino los niños se "revolucionan" y es peor. Es cierto que lo niños suelen venir "encendidos" de competición y de ambientes "pseudodemocráticos" de sus casas. Si que es cierto que tenemos que hacer más reuniones tutoriales grupales con las familias. Si que es cierto que la administración no nos permite tiempos para las labores tutoriales en el aula pero luego dice que todos tenemos que hacerlas (¿cómo?) y que los temas de tutoría han de darse transversalmente, pero claro, luego no se dan, ni transversalmente ni de ninguna forma, al menos, organizada. 

Si interesara que los niños pensaran y pudieran relacionarse de forma adecuada con los demás, las administraciones obligarían a que los maravillosos aspectos al respecto que figuran en el currículo, se cumplieran, pero cuando exiges eso te dicen que cumplas el "temario" (¿el temario de los conocimientos?). Y el problema es que los padres, los profes y los propios niños te lo acaban "exigiendo" también de forma implícita. Todo esto hace que entremos en una especie de montaña rusa que dificulta enormemente que podamos formar PERSONAS. Y dificulta, como es evidente, que los niños perciban las habilidades sociales, entendidas esta vez como "medida de atención a la diversidad", como un rollo infumable, cuando, en realidad, deberían ser la plasmación explícita de que han aprendido a convivir, de que han aprendido a ser.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo. Soy una madre de una alumna de 1º Primaria, gratamente sorprendida por los artículos de este blog. Enhorabuena.