12/10/11

¿Somos culpables de la crisis?

¿Tenemos los educadores alguna culpa de la crisis económica?: si, alguna.

Alguien me decía hace unos días que la educación va cada vez peor. Yo argumentaba que la educación va mejor, puesto que los profesionales que se incorporan lo hacen algo mejor formados (este aspecto puede mejorar mucho). El problema está en que la sociedad cambia mucho más rápido que el sistema educativo y este es un gigante al que es difícil mover. Los contenidos que se enseñan tienen poco carácter funcional. Son extremadamente teóricos y, en muchos casos, desligados de las realidades educativas y sociales que viven los alumnos.
Por otra parte, los tests que evalúan externamente a los sistemas educativos lo hacen desde una perspectiva práctica y funcional y los alumnos no responden adecuadamente si las preguntas implican aplicación práctica de los conocimientos teóricos adquiridos. No quiere decir que no tengan una buena formación, sino que no saben aplicarla.

En los últimos años, aproximadamente desde 2008, estamos asistiendo a un velado y orquestado ataque sistemático de los macroentes económicos contra cualquier tipo de injerencia de los estados en los medios de producción y en el reparto de la riqueza.

Ya se veía venir desde hace años y así lo anunciaban los movimientos antiglobalización. Ahora, el globo nos explota en las narices y se crea una cortina de humo basada en explicaciones llenas de palabras como crisis, mercados, gasto público, etc, etc. Y los medios de comunicación, en su mayoría de procedencia y en poder de entes privados, están en connivencia con los sectores provocadores hablándonos constantemente de economía y esfuerzo, si, esfuerzo de los que menos esfuerzo pueden hacer.

Es la dictadura global del siglo XXI en la que estamos inmersos y de la cual solo nos podría sacar una acción conjunta a nivel global a través del único medio no controlado totalmente aún: Internet.

Todos los partidos políticos quieren controlar la educación, puesto que el sesgo ideológico puede ser mejor orientado. Todos están de acuerdo cuando los currículos educativos están llenos de materias clásicas basadas en el conocimiento, y últimamente, en el manejo de ese conocimiento basado en competencias.
Ahora bien, cuando hablamos de enseñar a los niños a tener un espíritu crítico, o cuando hablamos de educar para la convivencia, ya nos rasgamos las vestiduras y muchos piensan que eso es terreno abonado a las interpretaciones doctrinales, o, lo que es peor, y aunque no lo digan, a la posibilidad de que los ciudadanos piensen por si mismos, lo cual podría ser peligroso para algunos intereses.

Cuando les digo a algunos docentes que es más importante dotar a los niños de habilidades sociales, educación emocional o capacidad de análisis y crítica para pensar por si mismos me dicen que no tienen tiempo para todo eso puesto que tienen que dar un temario. Si, efectivamente, estamos formando mentes-temario, no seres humanos críticos, asertivos y comunicativos. Luego, se celebra un dia para la Paz en el que nos damos todos la mano y de un golpe y plumazo parece que se dan por adquiridos casi todos los rudimentos para ser una persona.

Cuando me dicen que la educación la tienen que dar los padres y nosotros tenemos que dar "conocimientos", yo me pregunto: si estos niños no son educados por sus padres ni por nosotros, ¿cómo van ellos en un futuro a educar a sus hijos?. Si, parece todo un cúmulo de despropósitos.

Se aprende haciendo. Si a un niño le damos un plano del colegio y hacemos prácticas buscando cosas, o el plano de un pueblo pequeño y hacemos actividades de orientación in situ, aprende conceptos importantes que podrá utilizar cuando los necesite y que de otra forma solo sabría en el papel y luego se olvidaría. Lo mismo pasa con la educación emocional o las habilidades comunicativas, si no las practicamos no veremos su utilidad y los niños lo verán como algo bueno pero aburrido y sin sentido, y, lo que es peor, no lo pondrán en práctica ya que no experimentaron en si mismos en qué consiste y el provecho que le pueden sacar.

Estamos ante una crisis, si, de valores. Esos valores que hacen del ser humano un ser cooperativo y no meramente competitivo, pero el mercado exige devorar seres extremadamente competitivos y nosotros, los educadores, lo alimentamos sin cesar, cómplice e inconscientemente, en un bucle sin fin.

Estamos en una crisis de valores. Esos valores que hacen que el respeto a los otros y a las cosas sean la base para la convivencia.

Estamos condenados a la convivencia. Necesitamos la convivencia. Las redes sociales no son más que una válvula de escape a la natural tendencia del ser humano a una socialización de la que la globalización económica nos ha privado en parte. La falacia de la era del ocio cobra una gran dimensión ante estos hechos. ¿Tenemos más tiempo para el ocio?. ¿Qué ocio?. ¿El del consumismo quizás?...

Los políticos deben reaccionar pronto porque el mundo hace mucho tiempo que está abocado al entendimiento, por muchas razones: económicas, ecológicas, ambientales, tecnológicas, sociales...

Por desgracia, estamos supeditando este entendimiento a intereses económicos concretos.

Es cierto que la competitividad ha ayudado enormemente a que, en lucha feroz, la sociedad haya alcanzado grandes progresos, por desgracia y en mayor medida, en el hemisferio norte, pero no es menos cierto que llegada una crisis económica como la que estamos sufriendo parezca que todo ese esfuerzo haya sido en vano y se nos ponga cara de tontos viendo como unos pocos recogen los beneficios de toda esa competitividad.

Y después de esto... ¿vuelta a empezar?, ¿son los "ciclos" de la economía?, ¿pez "grande" come a pez "chico"?, ¿tanto tienes tanto vales?...

Si, los educadores, en general, tenemos nuestra parte de culpa en la actual crisis económica. Y la tenemos porque muchas veces no queremos ver más allá de nuestros libros de texto. La tenemos porque no cogemos el currículo educativo y lo explotamos para sacarle la gran parte de jugo EDUCATIVO que tiene. La tenemos porque no fomentamos más a menudo la cooperación entre nuestros alumnos ni entre nosotros mismos. La tenemos porque, en demasiadas ocasiones, no somos ejemplo de convivencia incluso entre nuestros propios compañeros. La tenemos porque nos han formado competitivamente y no hemos sabido reaccionar ante las demandas implícitas de nuestros alumnos reproduciendo en ellos lo que nosotros hemos recibido. La tenemos porque apenas somos críticos con las imposiciones y pretendemos que nuestros alumnos jueguen el mismo papel pasivo. La tenemos porque apenas aportamos soluciones o mejoras esperando que otros solucionen nuestros problemas. La tenemos, en definitiva, porque muchas veces, pretendiendo ser competentes nos olvidamos de convivir y, paradójicamente, dejamos de ser tan competentes.