11/9/11

¿Dónde está la educación?

La educación , ese importante motor de las sociedades, siempre víctima de los caprichos políticos, se encuentra en una importante disyuntiva en pleno siglo XXI.

Por una parte se la considera pieza fundamental para el cambio pero por la otra se minusvalora y se pone en duda el trabajo de los profesionales que la tienen que poner en práctica, por motivos políticos unos, por desinformación otros, por inadecuada formación otros...

Esa inadecuada formación es precisamente uno de los caballos de batalla de las formaciones políticas a la hora de enfrentarse a las reformas educativas.
En un país donde las leyes educativas vienen exclusivamente de la mano de dos partidos políticos con concepciones antagónicas acerca del hecho educativo, es extremadamente difícil que se produzcan resultados adecuados a largo plazo.

De un lado tenemos el exceso de optimismo de una ley, la LOGSE, que pretendía mantener a alumnos hasta los 16 años con ciertas garantías de éxito escolar en un sistema social y educativo que no estaba preparado para eso. Pasados los años, el sistema educativo sigue sin estar preparado ni formado, especialmente en la educación secundaria, donde los críos que les llegaban hasta ese momento estaban filtrados por el tamiz de la FP y el mercado de trabajo, pero al desaparecer dicho tamiz se encontraron con adolescentes que se preguntaban qué hacían allí.

Pero con todo esto, la sociedad sigue sin estar preparada puesto que el propio sistema generó ciudadanos con una formación que no permite que los ambientes culturales familiares ayuden de forma clara a que los alumnos con 15 y 16 años se puedan mantener de forma generalizada con ciertas garantías de éxito en este sistema educativo.

Del otro lado tenemos la pertinaz idea de que los mercados lo regulan todo, incluso la educación. Para esta corriente de opinión lo mejor para mejorar los problemas es que la educación pública se parezca lo más posible a la privada basándose en ideas de eficiencia y competitividad.

En cuanto a la formación para la convivencia, unos ofrecen una asignatura de educación para la ciudadanía y los otros esperan mejorar la moral cristiana y ganar el respeto basándose en la disciplina.
Unos entienden la calidad educativa como una formación integral igual para todos.
Otros entienden la calidad educativa como un sistema de selección de los mejores.

El gran problema es que ninguno se ha dado cuenta de que es imposible ninguna de esas opciones en el caldo de cultivo existente.
Solamente podrá darse cualquiera de las opciones si mejoramos la formación inicial del profesorado y si dedicamos tiempos para la formación humana de los alumnos.
El currículo educativo está muy lleno de buenas intenciones al respecto, pero después nos encontramos con que ni hay preparación docente al efecto ni tiempos para enseñar a los futuros padres a valorar las relaciones humanas, la formación cultural o la capacidad crítica, con lo cual entramos en una espiral que no lleva a ningún sitio.

Y es por esto que me pregunto: ¿Dónde está la EDUCACIÓN?.

Desde los años 70, la UNESCO y la CEE hicieron interesantes estudios (vg. Informe Delors) donde se constataba cómo debía ser la educación del futuro.

El futuro ya está aquí y los políticos apenas han tenido en cuenta esos informes en sus políticas educativas. Seguimos con unas prácticas educativas propias del siglo XIX con alumnos del siglo XXI.

Nos encontramos ahora, por tanto, con alumnos diferentes, con tendencia a “sufrir” empacho de contenidos conceptuales y con pocas herramientas para convivir.
Alumnos capaces de realizar varias actividades al mismo tiempo y con intereses múltiples  intentando aprender en un sitio que va muy lento y que no es capaz de focalizar esos intereses y hacer atractivos otros. Alumnos habituados a vivir evadidos en el mundo de sus pantallas (ordenador, TV, consola...) y con herramientas de interacción social bajas.
La escuela es un entorno de aprendizaje social y si los miembros de ese entorno desconocen las reglas del juego o no saben de ningún truco para jugar mejor, todos nos vemos perjudicados.
Es como si a mi me ponen en una partida de póquer con profesionales sin saber cómo se juega: yo no aprenderé nada y me tendrán que decir qué carta tirar en cada momento.
Eso es lo que les pasa a muchos niños sin habilidades sociales.
El problema es que seguimos poniendo en la partida a muchos niños sin enseñarles cómo se juega, sólo les decimos qué carta deben tirar, y si están cansados o aburridos pierden.

Y sigo preguntándome: ¿Dónde está la EDUCACIÓN?.

Muchos opinan que los padres son los que deben dar la educación y los centros “educativos” una formación conceptual. El tiempo nos hace ver que esto es un absurdo porque: ¿quién educa entonces a los padres?.
Decía Aristóteles: «Aquellos que educan bien a los niños merecen recibir más honores que sus propios padres, porque aquellos solo les dieron vida, éstos el arte de vivir bien»
¿Por qué ahora el concepto de educación tiene que ser distinto que el que tenían los antiguos griegos?.

En los centros educativos se necesitan más tiempos para educar y mejorar la formación integral de los alumnos como seres humanos mejorando sus habilidades sociales y emocionales. Eso es calidad educativa y visión de futuro. Lo demás es vernos abocados al fracaso, da igual que sea un centro público o un centro privado.
Y para eso tenemos que valorar y potenciar de una forma más clara la función orientadora y la formación del profesorado en estos menesteres.
Y es por esto que una política educativa que relega las actividades de orientación y tutoría es una política educativa condenada al fracaso en cuanto a calidad educativa de futuro.